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EL PREFECTO CATÓLICO
Un tal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la aprobación de su jefe el Sumo PontÃfice Juan Pablo II, notificó en Roma, el 24 de junio de 1998, a un compañero de profesión sacerdotal, el jesuita de nombre Anthony de Mello, quien unos pocos meses antes acaba de morirse, que sus obras escritas denotaban «un alejamiento progresivo de los contenidos esenciales de la fe cristiana». ¡Lógico!, Ratzinger era el vigilante encargado por el Vaticano para mantener a raya a los heterodoxos —de un calibre lógico al ancho del embudo—, además de ser uno de los más prestigiosos teólogos recomendados por las universidades católicas para ser leÃdos. Obviamente, como inmenso intelectual de lo teológico y como vigÃa atento a herejÃas y desviaciones, Ratzinger no hizo por notificar también a su superior, con un texto público en parecidos términos, que hacerse llamar «Santo Padre» siendo sólo un ser humano, era algo quizás más herético y desatinado que decir por un contador de cuentos: «Toda la creación es Cuerpo de Cristo, y tú crees que sólo está en la eucaristÃa».
Fej Delvahe , ®©
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