Poemas, relatos y pensamientos
Google
 
Autor: Carlos Ramírez
Fecha de publicación: 8 Febrero, 2007

Categoría: Relatos sociales
 

Sexo en Miraflores

Patrocinan la literatura de Ababolia

Sexo en Miraflores

Santiago se encontraba en Miraflores buscando la casa de una reconocida actriz de nuestra recargada y huachafa fauna actoral; a la que vamos a llamar por ejemplo Julia, ella vivía enfrente de un conocido colegio de monjas. Santiago recorrió intersecciones de la avenida Larco, luego tomó algunas calles de Benavides, pero no lograba dar con la dirección que tenía inscrita en un estrujado papel.
Las casas que iban rodeando su presuroso recorrido eran de hasta tres niveles, enormes departamentos de lunas polarizadas, algunas con carpor. Nunca le gusto llegar tarde a ninguna entrevista, más aún ahora, con esta señorita que muchos redactores carniceros quisieran tenerla enfrente –siquiera- por algunos minutos, para mirar sus piernotas, o robar a vuelo de vuelo de liebre su apetecible fragancia de mujer fatal que siempre llevaba consigo.
Su reloj marcaba la hora tratada, once de la mañana, sus desoladas calles no le daban otra inmediata opción que tocar alguna de esas lujosas moradas que lo seguían rodeando y lo hacían sentir disminuido en su búsqueda. Todo este inusitado contratiempo lo había puesto paranoico y entúpido.
Santiago con algo de temor presiona el intercomunicador de un sobrio departamento, esperó dos minutos, nadie respondió. Siguió su marcha. Cruzó una calle de doble pista, se detuvo enfrente de una casa de color celeste, de tres niveles, con amplios ventanales, y un amplio estacionamiento, presionó el timbre, esperó unos segundos, de pronto una voz que parecía una dulce melodía dijo:
“Sí…¿Quién toca?‿.
“ Busco una dirección ¿Me podrás ayudar?.
Ella enmudeció por algunos segundos, luego con esa misma melodía expreso: “Claro que sí, adelante…‿.
Del interior de abrió la pureta eléctrica, Santiago se quedo sorprendido, dubitativo por la entera amabilidad de esa voz, todo esto le daba un poco de desconfianza, pero con paso lento llego a traspasar la puerta, luego se cerró, él se queda electrizado, su juventud juerguista que creyó poseerla de por vida se fueron por la borda. Allí quieto desde la entrada se quedó observando la lujosa casa que estaba pisando. Se dejaba notar el brillo de las arañas que colgaban del techo, los enormes muebles eran rojos, sus adornos que tenían sobre una mesa de vidrio eran envidiables, y ese piso lustroso al máximo le hacia imaginar estar visitando una casa de ensueño en donde no existía la pobreza.
De pronto una fémina se apareció sobre el último peldaño de la escalera turbando la mirada que había fijado sobre una pintura que tenía en el comedor.
Ella, una chica de unos cuarenta años, delgada, de tez blanca, cabello castaño hasta el hombro, de apariencia bien cuidada, con melodiosa voz dijo:
“Hola, sube, te muestro unos planos de calles… No hay nadie…‿. Santiago no aguanta la presión de resistir la tentación. Se desplazó por la sala hasta llegar a la escalera; allí esta, quien lo esperaba en el primer escalón, expreso otra vez:
“Sube, ven, ven… No temas‿.
Ya en su elegante dormitorio ella lo cogió de la mano y lo hizo ingresar. S cama de dos plazas estaba sobre una alfombra color roja, tenía un amplio balcón, perfumes a montón, observó unos cigarrillos, dos celulares, un fax, pudo sentir una agradable sensación de frescura, era aire acondicionado que lo tenía encendido sin necesidad.
“¿Sabes qué hora es?‿. Santiago pregunto, sintiéndose ridículo: porque había tantas cosas para preguntar y salió con esa sublime interrogante.
Ella no le dio importancia, reconoció su torpeza, ignora con disimulo su pregunta. Le pidió algunas referencias de la dirección que andaba buscando.
“Estar aquí es como un sueño y no quiero despertar… Una bella historia que no parece realidad‿.
Ella pregunta su nombre, y fue en ese momento que sin esperar se acercó para quitarle la gorra, no había más que decir, esta fue una confirmación a lo que sería una mañana de entero placer. Ella desabotonaba la camisa, mientras él acariciaba su delicado rostro.
“Estábamos tan encendidos que apenas nos dio tiempo de cerrar la puerta… Recuerdo que tiramos la ropa por el suelo y nosotros mismos nos arrastramos sobre la cama…‿.
“Gracias por estar a mi lado, deja todo y ven junto a mí…‿, dijo con voz sensual en algún momento del encuentro. Santiago a besó para ocultar sus palabras.
“Recuerdo que, como a menudo ocurre en los primeros encuentros, sobre todo cuando hay mucho deseo, cuando se es tímido, cuando se es joven y cuando no existe demasiada comunicación, el cato se convierte en unas secuencias de torpezas naturales, de codos que se clavaban en donde no deben y piernas que no se colocaban en el lugar adecuado. Su cuerpo era un banquete, era en realidad una bendición, lo reconozco, pero me parece que la cosa no nos salió demasiado bien, al menos traté de dejar la vida en esa habitación…‿.
Luego, él desnudo, fue hacia el baño a darse una ducha. Mientras jabonaba su exhausto cuerpo, la bella se levanto de la cama para contemplarlo desde el filo de la puerta. Ella estaba allí, ojerosa, menos arreglada, pero muy guapa -igual- al natural. Una balada de un tal Iglesias era lo que ambientada esos últimos momentos románticos que restaban. Cerro el grifo de agua y salió.
Ella se levanta, se puso una bata de color rosa y salió de la habitación, luego apareció –tardó casi tres minutos- con galletas y jugo de naranja.
“te llevo en mi auto a donde quieras, no te preocupes‿.
Bajaron hacia el garaje, era enorme, había dos autos de lujo, casi de estreno. Santiago logra ver un Alfa Romeo color dorado, y un BMW rojo.
Con una sonrisa pícara y esa voz melódica que logro enamorarlo dijo: “¿En cuál quieres ir?, escoge…‿.
Hizo sonar la alarma del auto, elevó el carpor y salieron en el BMW, Santiago prendió la radio y coloco el disco de La Fuerza Aérea, El Chalo, fue el tema que seleccionó, mientras que ella encendió su cigarrillo y el aire acondicionado.
“Soy una mujer divorciada, mi marido me dejó cuando quede embarazada, tengo un hijo que tiene diecinueve años, él estudia en México, lo mandé a estudiar la carrera que él quería… Desde muy chiquilla trabajé para sacar adelante a mi hijo, yo estudié administración y economía, la primera profesión la terminé y la segunda la abandoné…‿.
Santiago pudo sentirla sincera, pero a la vez dolida. Tenía un aspecto muy triste, daba un poco de sentimiento. No perdió de vista su rostro en todo momento de la confesión.
“A raíz del abandono de mi esposo, sentí que nadie me quería y que mi vida no valía nada. Trabajé como secretaria desde los dieciocho años en una empresa embotelladora, luego cuando estudiaba administración pude ejercer mi profesión en una cadena de farmacias, pude estudiar una especialidad en ESAN gracias a mi madre que pudo costear mis estudios. Hoy soy la dueña de uno de los restaurantes de comida internacional más importante de Lima…‿.
“Déjame en la siguiente esquina, gracias por todo…‿.
“Santiago no te olvides de mí, llámame cuando deseas y en la hora que quieras. Te amo‿.
Un intenso beso selló el encuentro. Santiago mientras eso, le cogió la pierna con descaro más de lo normal, ella caprichosamente soltó su última carcajada. La puerta del BMW se elevó, él salió y sin volver a mirarla caminó por la acera, solo con el rabo de sus ojos pudo verla pasar. Era el fin.

* Sexo en Miraflores forma parte de uno de los capítulos de su libro “Soñar Despierto‿.

Carlos Ramírez Magán (Lima 1977) Comunicador Social. Escritor, Docente, Diseñador Gráfico Publicitario, Estudios en Administración de Empresas, realiza colaboraciones para revistas de literatura de España, México, Argentina y Perú, ha trabajado como redactor periodístico en diarios y revistas, además como relacionista público, y asesor de imagen de diversas instituciones.

Contacto con el Autor: carlos_rama@hotmail.com

 
Poemas
Producciones web
Poemas, relatos y pensamientos ©2003-2005, Ababolia. Todos los derechos reservados. AVISO LEGAL - PATROCINIO
Ababolia utiliza tecnología WordPress.
Sidicación RSS
Sedo - Buy and Sell Domain Names and Websites etracker® web controlling instead of log file analysis