Poemas, relatos y pensamientos
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Autor: Víctor Morata Cortado
Fecha de publicación: 22 Febrero, 2006

Categoría: Relatos Fantásticos
 

¿Qué puede decir un gato?

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Hay mucha gente que habla de las señales que te ofrece la vida y tienen presente esta idea durante toda ella. La historia que a continuación se relata se enfoca hacia ese hábito, ignorado por su protagonista hasta el momento en que algo curioso acometió su conciencia y desvió unos grados el camino que hasta el momento llevaba.

Jorge, un muchacho que ya no contaba con una iniciada adolescencia y vivía una vida de hombre más que de niño, era asiduo a la lectura de hechos paranormales. No obstante, nunca pensó que el hecho que le involucraba fuese obra de tal índole sobrenatural. Tenía un trabajo acomodado y sencillo, con temporadas de bastante movimiento y épocas de absoluta ociosidad, gracias a las cuales poseía un vasto espacio para ampliar su nivel cultural. Aún vivía con sus padres y veía lejos el momento de abandonar el nido si no era por una causa de fuerza mayor. Él estaba a gusto entre su familia y nadie quería su marcha. De hecho era un tema muy poco frecuentado en la sobremesa. No era un hombre dado al deporte y al sudor excesivo por puro placer, y gustaba de la vida contemplativa y del pensamiento humano. Pero la aparición prospera de un gato en el hogar fue haciéndose un hueco en el corazón de todos, especialmente en el suyo. Luego resultó que el gato no era tal, sino que les sorprendió su sexo cuando con increíble rapidez fue adquiriendo un cuerpo más bien voluminoso y empezó a actuar de forma muy maternal. Efectivamente, aquel animal era una hembra, nunca repararon en tal hecho, no fue en sus vidas algo significativo que limitase la compañía del felino. Al menos hasta aquel momento. Al poco tiempo se descubrieron llenos de pequeños, diminutos, seres felinos de ojos pegados reclamando alimento a aquella maternal criatura. Una camada de seis gatitos se hizo sitio en la familia.

Jorge era consciente de que aquella familia debería ser separada en breve, eran demasiadas bocas que alimentar y algo tremendo y abrumador tener que soportar el peso de siete gatos, que pronto se multiplicarían, corriendo por toda la casa. Así que, cuando el cabeza de familia vio que los animales ya poseían la facultad de valerse por si mismos, decidió regalarlos. Consiguieron darlos todos, excepto uno. A Jorge le tocó la gran faena de deshacerse del gato. Su padre opinaba con firmeza que aquel animal debía ser sacrificado de forma rápida y así evitar un futuro sufrimiento en las calles, apaleados por los niños, moribundos por el hambre o tal vez atropellados por algún coche de las inmediaciones. Jorge disconforme con la decisión de su padre optó por llevarlo lejos y dejarlo a su suerte en un lugar donde todos estos problemas se reducían considerablemente. Así condujo el coche, con el gato a su lado maullando entre lamentos de tristeza y agonía, hasta el puerto pesquero del pueblo más cercano a unos 15 kilómetros de donde el vivía. Allí había una lonja y el animal dispondría de pescado fresco todas las mañanas en abundancia, era escasa la presencia de niños y maleantes y el tráfico no era concurrido. Mientras conducía miraba en ligeras ojeadas al gato, y este le devolvía la mirada con ojos apenados, Jorge se conmovía con esta escena. Se preguntaba hasta que punto aquel animal era consciente de todo lo que sucedía a su alrededor. Una vez allí, dejó al gato y salió como alma que lleva el diablo para evitar que el animal siguiese sus pasos y se alejase de aquel lugar seguro. Jorge ya estaba arrepentido desde el primer momento en que dejó a su suerte al felino y así siguió durante tres días, tiempo que tardó el animal en aparecer de nuevo en casa. La sorpresa fue inmensa para todos, era increíble que aquel gato hubiese podido volver. La dificultad del camino era alta y para una persona que desconoce la zona ya es difícil orientarse, ¿cómo pues pudo hacerlo aquel gato?

No obstante aquel acto solo sirvió para acrecentar el sentimiento de arrepentimiento que envolvía a Jorge ya que debía realizar de nuevo aquella jugada y ahora le dolería más aún. Pero en vista de que el animal se había valido muy bien de sus dotes para volver a casa, sabía que podría valerse sin problemas en aquel mundo que tanto temía le envolviese. Así pues, procedió. Esta vez llevó al animal a un lugar más alejado y con una dificultad mayor en el camino a realizar. El proceso se repitió. El gato no paraba de dejar escapar lamentables maullidos que ponían los pelos de punta a Jorge. Y cada vez le resultaba más extraño aquel hecho. Fue, nuevamente, un acto vano, ya que una vez más el gato apareció en casa. Doblemente emocionados y sorprendidos, consideraron al animal un ser excepcional, con un gran sentido de la orientación y lleno de valor y fuerza. Pero esto tampoco fue un acto que implicara su asentamiento en el seno de aquella familia. Jorge ya estaba algo desquiciado y su mente no dejaba de cavilar acerca de tan sorprendente acontecimiento. Por segunda vez había vuelto al hogar. Cómo lo había conseguido era algo que constituía un misterio.
Nuevamente volvió a subir al gato al coche y todo se volvió a suceder. Pero esta vez los maullidos sonaban más lastimeros que nunca e incluso podía advertir pequeños hilos acuosos que se deslizaban por la cara del animal. ¿Estaba llorando? Esa fue la pregunta que Jorge se hizo. Pero el deber era más fuerte que el sentimiento de culpabilidad y de arrepentimiento que sentía. Esa fue la última vez que vio al animal. Pero cada día se preguntaba si estaría a buen resguardo de los humanos y las inclemencias del tiempo. Nunca lo supo y aquello le llenaba de una culpabilidad amarga que le recomía el alma. Hasta este momento todo había pasado por la mente de Jorge como una curiosa anécdota llena de casualidades y hazañas por parte del animal, pero a partir de ahí un amigo le habló de algo que le hizo pensar: las señales.

Pensar que todo aquel suceso con el animal podía ser por algún motivo preconcebido del destino le helaba la sangre. Ya que, estando tan introducido y bien documentado en el tema sobrenatural, nunca pensó que aquello pudiera ser visto desde aquella perspectiva. Aquel amigo le habló de hechos que habían significado el cambio de toda una historia en las vidas de mucha gente por actos tan ínfimos como aquel y le dio varias referencias documentales. Pero Jorge, a pesar de todo, se sentía ahora peor por no haber sabido captar el mensaje. Pero quizá, la señal no iba dirigida a él. Aquel amigo era alguien a quien veía más bien poco, y ya hacía tiempo que no sabía nada de él hasta el suceso del gato. Así que el animal no fue su único tema de conversación y se pusieron al día en sus vidas. Jorge descubrió con asombro que a su amigo las cosas no le habían ido nada bien en los últimos meses: había terminado una larga relación que el confiaba de amor eterno, había cambiado de trabajo, había tenido varios accidentes y apenas podía llegar a fin de mes con el sueldo que ganaba… Esto apenó mucho más a Jorge, pero aquel muchacho, su amigo, descubrió entonces una cosa, la señal no iba dirigida a Jorge, sino a él. Era a él a quien aquel animal le decía que hay que luchar y que con esfuerzo siempre se consigue llegar a donde quieres y volver a tener aquello que tanto deseas, quizá con otras caras y formas, pero, al fin y al cabo, lo mismo mejorado. Aquello demostró a su amigo que la vida te ofrece más de una oportunidad, y que no siempre sabrás aprovecharlas pero que hay están presentes.
Hoy, Jorge sigue buscando una relación con respecto a las señales que podía haberle transmitido aquel animal. Su amigo sigue guiándose por aquel acto, que le dio la claridad que necesitaba para afrontar todo lo que llevaba arrastrando y lo que le quedaba por esperar. Hoy en día hay mucha gente que habla de las señales que te ofrece la vida… para ayudarte en tu camino…

Extraído del libro “Mâya” de Víctor Morata Cortado

 
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