Hay mucha gente que habla de las señales que te ofrece la vida y tienen presente esta idea durante toda ella. La historia que a continuación se relata se enfoca hacia ese hábito, ignorado por su protagonista hasta el momento en que algo curioso acometió su conciencia y desvió unos grados el camino que hasta el momento llevaba.
Jorge, un muchacho que ya no contaba con una iniciada adolescencia y vivÃa una vida de hombre más que de niño, era asiduo a la lectura de hechos paranormales. No obstante, nunca pensó que el hecho que le involucraba fuese obra de tal Ãndole sobrenatural. TenÃa un trabajo acomodado y sencillo, con temporadas de bastante movimiento y épocas de absoluta ociosidad, gracias a las cuales poseÃa un vasto espacio para ampliar su nivel cultural. Aún vivÃa con sus padres y veÃa lejos el momento de abandonar el nido si no era por una causa de fuerza mayor. Él estaba a gusto entre su familia y nadie querÃa su marcha. De hecho era un tema muy poco frecuentado en la sobremesa. No era un hombre dado al deporte y al sudor excesivo por puro placer, y gustaba de la vida contemplativa y del pensamiento humano. Pero la aparición prospera de un gato en el hogar fue haciéndose un hueco en el corazón de todos, especialmente en el suyo. Luego resultó que el gato no era tal, sino que les sorprendió su sexo cuando con increÃble rapidez fue adquiriendo un cuerpo más bien voluminoso y empezó a actuar de forma muy maternal. Efectivamente, aquel animal era una hembra, nunca repararon en tal hecho, no fue en sus vidas algo significativo que limitase la compañÃa del felino. Al menos hasta aquel momento. Al poco tiempo se descubrieron llenos de pequeños, diminutos, seres felinos de ojos pegados reclamando alimento a aquella maternal criatura. Una camada de seis gatitos se hizo sitio en la familia.
Jorge era consciente de que aquella familia deberÃa ser separada en breve, eran demasiadas bocas que alimentar y algo tremendo y abrumador tener que soportar el peso de siete gatos, que pronto se multiplicarÃan, corriendo por toda la casa. Asà que, cuando el cabeza de familia vio que los animales ya poseÃan la facultad de valerse por si mismos, decidió regalarlos. Consiguieron darlos todos, excepto uno. A Jorge le tocó la gran faena de deshacerse del gato. Su padre opinaba con firmeza que aquel animal debÃa ser sacrificado de forma rápida y asà evitar un futuro sufrimiento en las calles, apaleados por los niños, moribundos por el hambre o tal vez atropellados por algún coche de las inmediaciones. Jorge disconforme con la decisión de su padre optó por llevarlo lejos y dejarlo a su suerte en un lugar donde todos estos problemas se reducÃan considerablemente. Asà condujo el coche, con el gato a su lado maullando entre lamentos de tristeza y agonÃa, hasta el puerto pesquero del pueblo más cercano a unos 15 kilómetros de donde el vivÃa. Allà habÃa una lonja y el animal dispondrÃa de pescado fresco todas las mañanas en abundancia, era escasa la presencia de niños y maleantes y el tráfico no era concurrido. Mientras conducÃa miraba en ligeras ojeadas al gato, y este le devolvÃa la mirada con ojos apenados, Jorge se conmovÃa con esta escena. Se preguntaba hasta que punto aquel animal era consciente de todo lo que sucedÃa a su alrededor. Una vez allÃ, dejó al gato y salió como alma que lleva el diablo para evitar que el animal siguiese sus pasos y se alejase de aquel lugar seguro. Jorge ya estaba arrepentido desde el primer momento en que dejó a su suerte al felino y asà siguió durante tres dÃas, tiempo que tardó el animal en aparecer de nuevo en casa. La sorpresa fue inmensa para todos, era increÃble que aquel gato hubiese podido volver. La dificultad del camino era alta y para una persona que desconoce la zona ya es difÃcil orientarse, ¿cómo pues pudo hacerlo aquel gato?
No obstante aquel acto solo sirvió para acrecentar el sentimiento de arrepentimiento que envolvÃa a Jorge ya que debÃa realizar de nuevo aquella jugada y ahora le dolerÃa más aún. Pero en vista de que el animal se habÃa valido muy bien de sus dotes para volver a casa, sabÃa que podrÃa valerse sin problemas en aquel mundo que tanto temÃa le envolviese. Asà pues, procedió. Esta vez llevó al animal a un lugar más alejado y con una dificultad mayor en el camino a realizar. El proceso se repitió. El gato no paraba de dejar escapar lamentables maullidos que ponÃan los pelos de punta a Jorge. Y cada vez le resultaba más extraño aquel hecho. Fue, nuevamente, un acto vano, ya que una vez más el gato apareció en casa. Doblemente emocionados y sorprendidos, consideraron al animal un ser excepcional, con un gran sentido de la orientación y lleno de valor y fuerza. Pero esto tampoco fue un acto que implicara su asentamiento en el seno de aquella familia. Jorge ya estaba algo desquiciado y su mente no dejaba de cavilar acerca de tan sorprendente acontecimiento. Por segunda vez habÃa vuelto al hogar. Cómo lo habÃa conseguido era algo que constituÃa un misterio.
Nuevamente volvió a subir al gato al coche y todo se volvió a suceder. Pero esta vez los maullidos sonaban más lastimeros que nunca e incluso podÃa advertir pequeños hilos acuosos que se deslizaban por la cara del animal. ¿Estaba llorando? Esa fue la pregunta que Jorge se hizo. Pero el deber era más fuerte que el sentimiento de culpabilidad y de arrepentimiento que sentÃa. Esa fue la última vez que vio al animal. Pero cada dÃa se preguntaba si estarÃa a buen resguardo de los humanos y las inclemencias del tiempo. Nunca lo supo y aquello le llenaba de una culpabilidad amarga que le recomÃa el alma. Hasta este momento todo habÃa pasado por la mente de Jorge como una curiosa anécdota llena de casualidades y hazañas por parte del animal, pero a partir de ahà un amigo le habló de algo que le hizo pensar: las señales.
Pensar que todo aquel suceso con el animal podÃa ser por algún motivo preconcebido del destino le helaba la sangre. Ya que, estando tan introducido y bien documentado en el tema sobrenatural, nunca pensó que aquello pudiera ser visto desde aquella perspectiva. Aquel amigo le habló de hechos que habÃan significado el cambio de toda una historia en las vidas de mucha gente por actos tan Ãnfimos como aquel y le dio varias referencias documentales. Pero Jorge, a pesar de todo, se sentÃa ahora peor por no haber sabido captar el mensaje. Pero quizá, la señal no iba dirigida a él. Aquel amigo era alguien a quien veÃa más bien poco, y ya hacÃa tiempo que no sabÃa nada de él hasta el suceso del gato. Asà que el animal no fue su único tema de conversación y se pusieron al dÃa en sus vidas. Jorge descubrió con asombro que a su amigo las cosas no le habÃan ido nada bien en los últimos meses: habÃa terminado una larga relación que el confiaba de amor eterno, habÃa cambiado de trabajo, habÃa tenido varios accidentes y apenas podÃa llegar a fin de mes con el sueldo que ganaba… Esto apenó mucho más a Jorge, pero aquel muchacho, su amigo, descubrió entonces una cosa, la señal no iba dirigida a Jorge, sino a él. Era a él a quien aquel animal le decÃa que hay que luchar y que con esfuerzo siempre se consigue llegar a donde quieres y volver a tener aquello que tanto deseas, quizá con otras caras y formas, pero, al fin y al cabo, lo mismo mejorado. Aquello demostró a su amigo que la vida te ofrece más de una oportunidad, y que no siempre sabrás aprovecharlas pero que hay están presentes.
Hoy, Jorge sigue buscando una relación con respecto a las señales que podÃa haberle transmitido aquel animal. Su amigo sigue guiándose por aquel acto, que le dio la claridad que necesitaba para afrontar todo lo que llevaba arrastrando y lo que le quedaba por esperar. Hoy en dÃa hay mucha gente que habla de las señales que te ofrece la vida… para ayudarte en tu camino…
ExtraÃdo del libro “Mâya” de VÃctor Morata Cortado