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Autor: Rafaelhomar
Fecha de publicaci贸n: 6 Enero, 2009

Categor铆a: Relatos Fant谩sticos: Obras Literarias (Fragmentos)
 

La odisea de Sir Lawrence Porck

Patrocinan la literatura de Ababolia

La luna vigilaba espantada tras la negra nubosidad el fatal devenir que s贸lo ella conoc铆a. En lo profundo de la tierra una rabia fruto de un dolor espantoso gimi贸 su lamento con un fuerte arrebato. Venus cruz贸 la 贸rbita de Capricornio y un aborto prematuro surgi贸 de este enlace mal parido en los abismos de la tierra. El grito espantado de una grulla reson贸 entre los matorrales y huy贸 despavorida hacia el oscuro horizonte cuando son贸 el primer golpe del tambor.

Las hordas Otomanas, acampadas en el altiplano del Pomodoro, celebraban con una gran fiesta su victoria tras la sangrienta batalla contra los abor铆genes Rupa-Cacu en la cima del monte Katueh. Grandes pilas de le帽a ard铆an, y a su alrededor, los prisioneros eran salvajemente torturados por la ingente turba de guerreros borrachos ansiosos de venganza. M煤sica y c谩nticos delirantes al estrepitoso son de los tambores discordantes apenas amortiguaban los ag贸nicos lamentos y gritos atormentados de los cuatro miserables ajusticiados. En la desenfrenada bacanal de op铆paros alimentos, bailaban desnudas sobre las mesas las mujeres otomanas de m谩s edad, en obscena y lujuriosa danza de aclamaci贸n a sus dioses.

En el momento de mayor frenes铆, cuando con las copas alzadas la muchedumbre jaleaba la aparici贸n de los enanos malabaristas, llamados as铆 porque esquivaban con notable agilidad los cuchillos que los otomanos les lanzaban, retumb贸 el suelo con una poderosa convulsi贸n, resquebrajando la tierra al paso de una mortal onda expansiva que lanzaba por los aires a los sorprendidos guerreros, devastando el campamento. Al tiempo que la tierra temblaba, emergi贸 del interior de la monta帽a un obelisco descomunal de bordes afilados con raras tallas e inscripciones, alz谩ndose hacia el cielo impulsado por una poderosa fuerza lenta e incesante.

Entre los pocos supervivientes de los m谩s de treinta mil otomanos que sucumbieron precipitados en las repentinas y profundas grietas o abrasados por los borbotones de lava que brotaba entre los escollos, se encontraba el reconocido fil贸sofo de las artes Sir Lawrence Porck, que logr贸 conservar una valiosa prueba del singular descubrimiento.

En sus memorias, conservadas por sus herederos y en la actualidad propiedad del doctor Laurencio Puerco, Sir Lawrence dej贸 constancia detallada de la gran mortandad sufrida en el ej茅rcito otomano, cuando al derretirse las nieves que rodeaban el altiplano, arroyos del agua cayeron en cascada sobre el magma hirviente, provocando la formaci贸n de una inmensa nube de vapor abrasador y t贸xico. El suelo irradiaba un calor sofocante formando grietas por donde emerg铆an r谩fagas de vapor incandescente. Cayeron fulminados instant谩neamente grandes franjas de guerreros otomanos apelotonados, cuando bajo sus pies les sorprendi贸 este terrible castigo. El temblor se hac铆a cada vez m谩s intenso y la tierra se resquebrajaba formando grandes placas, volcando sobre el burbujeante magma a los aterrados guerreros que inexorablemente ca铆an en el interior del volc谩n. Los gritos ag贸nicos y desaforados lamentos de los otomanos agonizantes se dejaban o铆r por encima del estruendo del terremoto, como el canto coordinado de unos monaguillos que por terrible pecado estuvieran cantando juntos en el infierno. Los guerreros, dominados por la histeria y el horror, hu铆an despavoridos sorteando dificultades insalvables precipit谩ndose hacia su propia muerte. El volc谩n entr贸 en erupci贸n con dos nuevas sacudidas, provocando enormes olas de magma e inmensos chorros de lava que alcanzaban por la espalda a los apretujados otomanos que pretend铆an huir por la ladera.

Desmembramientos, achicharramientos y s铆ntomas derivados de la inhalaci贸n de gases t贸xicos tales como asfixia, ceguera, urticaria y sarpullidos produjeron un inmenso escenario de agon铆a colectiva en las zonas menos afectadas. El centro del altiplano se hab铆a vuelto un foco abrasador de l铆quido incandescente cuya luz cegaba igual que el sol, y crec铆a al tiempo que extendiendo sus grietas manaba un gran r铆o de lava, que sali贸 en persecuci贸n de quienes hu铆an por la 煤nica pendiente accesible.

Seg煤n cuenta en sus memorias el ilustre Sir Porck, en un peque帽o reducto oriental del altiplano abocado a una inminente volatilizaci贸n, emergi贸 del interior de la tierra ante sus ojos el descomunal obelisco, 鈥渢an alto como cinco o seis personas, subidos de pie uno encima del otro鈥 haciendo un estruendo ensordecedor.

El obelisco estaba adornado con extra帽as y variadas tallas de animales que en sus cuatro costados enmarcaban s铆mbolos de una escritura hasta aquel momento desconocida. Sir Lawrence, a煤n sufriendo un inhumano sofoco qued贸 estupefacto, admirado hasta la incredulidad ante tan portentoso descubrimiento y tard贸 en darse cuenta de que la inmensa columna, tras leve tambaleo se abalanzaba sobre 茅l. Sir Lawrence corri贸 lo m谩s que pudo para salvar su vida sorteando en su fren茅tica carrera a los agonizantes guerreros, que sufriendo una intensa cocci贸n de sus cuerpos deambulaban cegados de un lado a otro, desmembrados o arrastr谩ndose por el suelo. Sir Lawrence, presa del p谩nico, y tambi茅n sometido a la inhumana cocci贸n se lanz贸 hacia el desfiladero dando un salto incre铆ble cayendo en picado desde una altura de m谩s de cien metros. Seg煤n sus propias palabras, 鈥渟i saltase mil veces por aquella ladera tan s贸lo una quedar铆a con vida, y fue esa. En todas las dem谩s hubiese muerto antes de alcanzar el suelo, debido al mortal espanto que sufre quien en semejante circunstancia se encuentra鈥. Pudo, con la ayuda de la divina providencia, amortiguar el mortal batacazo traspasando a gran velocidad el denso ramaje de un gran 谩rbol, agarr谩ndose con frenes铆 a una rama, cayendo con contundente fuerza en un peque帽o y frondoso matorral, rodeado de puntiagudas rocas y numerosos guerreros muertos. Un fragmento del obelisco cay贸 a su lado, sobre la mullida panza de un enano otomano muerto, reventando su cuerpo tal como si a bocajarro hubiese sido disparado con un ca帽贸n.

Sir Lawrence tambi茅n nos cuenta en sus memorias lo apurado de su escapada y las dificultades en el regreso por las escarpadas laderas septentrionales, cuando maltrecho y contuso, con la providencial ayuda de un sherpa, hu铆a precipitadamente de los r铆os de lava encima de un burro, llev谩ndose consigo el fragmento del obelisco. El sherpa y el burro sufrieron quemaduras de tercer grado en barriga y extremidades por innumerables salpicaduras, pero pudieron eludir milagrosamente los numerosos desprendimientos que se produc铆an a su alrededor y alcanzar el bosque. Quedaban a煤n muchos kil贸metros por recorrer entre espesa jungla repleta de peligros, y la huida del sherpa con el burro, al primer descanso, por poco no malogra el triunfal regreso de sir Porck con el testimonio de la gran victoria sobre los Rupa-Cacu y la evidencia del descubrimiento de inscripciones antediluvianas de indudable inter茅s cient铆fico.

R谩fagas de tempestad insufrible entre per铆odos de calma sofocante ambientaban el fren茅tico paso de sir Lawrence movido por una profunda inanici贸n. Estuvo recorriendo la jungla tres semanas sin rumbo fijo sufriendo las inclemencias de aquel entorno selv谩tico y sorteando los continuos peligros. Anacondas, panteras, osos e infinidad de animales de la jungla se dejaban ver en todo momento, y mosquitos gigantes succionaban su piel sin descanso, pero consigui贸 salvaguardar la integridad de su valios铆simo descubrimiento.

El hallazgo de Sir Lawrence dej贸 perpleja a la comunidad cient铆fica, que ha mantenido siempre un absoluto secretismo y hasta el d铆a de hoy se debate entre la incredulidad y el asombro sobre la autenticidad del gran pedrusco y sus extra帽as inscripciones. La prueba del carbono quince certific贸 la antig眉edad de la piedra en m谩s de catorce millones de a帽os, sin poderse confirmar la dataci贸n de las inscripciones en la misma fecha. Es de composici贸n bas谩ltica con predominio de feldespato, pesa 75 kilos y conserva parte de unas inscripciones del tipo cr铆ptico y simbolog铆as de la procreaci贸n. En sus memorias se analizan las posibles procedencias de la civilizaci贸n perdida y algunas interpretaciones posibles de los s铆mbolos del obelisco, dibujados de memoria en su cuaderno.

Las anotaciones de sir Lawrence tienen gran relevancia hist贸rica pues son el 煤nico documento conocido que atestigua el exterminio y existencia de los abor铆genes Rupa-Cacu, casta indomable de guerreros antrop贸fagos n贸madas, que aunque pocos eran extraordinariamente sanguinarios y crueles.

Sir Lawrence vivi贸 ingresado en un psiqui谩trico el resto de su vida, donde compuso sus memorias, que tras su muerte fueron desatendidas por sus descendientes. Tuvieron que pasar muchas generaciones hasta que un joven mallorqu铆n natural de Pardaldemoro, descendiente de Sir Porck, encontrase de un casual las memorias olvidadas entre las pocas pertenencias heredadas de un t铆o suyo. Extra帽os colores adquiere a veces la luz que gu铆a el camino de las personas, pues motivado por este descubrimiento emprendi贸 el joven Laurencio Puerco una desenfrenada carrera de estudios que le permitiese comprender las indescifrables anotaciones de sir Lawrence, convirti茅ndose en un eminente paleont贸logo de fama mundial muy respetado por la comunidad cient铆fica. Es experto en egiptolog铆a y culturas antiguas, y destacada eminencia en las rutas trashumantes del ganado mongol.

Las anotaciones de sir Lawrence desvelaban un descubrimiento sobrecogedor. La traducci贸n de los signos junto a un preciso mapa desvelaba que el propio obelisco indicaba la posici贸n del yacimiento originario del oro de los Rupa-Cacu. En opini贸n de sir Lawrence, los Rupa-Cacu, a煤n siendo notables en el manejo del pico y de la pala, como demuestran los pozos escavados de m谩s de treinta metros de profundidad donde sepultaban a sus difuntos y a aquellos que ten铆an ya los d铆as contados, aceptaban tan s贸lo el oro que el dios de la monta帽a manaba a trav茅s de sus r铆os, considerando sacrilegio su explotaci贸n. Guard贸 siempre el se帽or Laurencio absoluto secreto sobre este descubrimiento hasta que tuvo convencimiento absoluto sobre la veracidad de las trascripciones de los signos y las palabras de sir Lawrence, que aseguraba haber visto chorros de oro fundido manar de la monta帽a. El se帽or Laurencio consigui贸 formar un equipo de cient铆ficos y emprendi贸 camino hacia la m谩s inaccesible altura de aquella cordillera infranqueable para llevar a cabo uno de los descubrimientos cient铆ficos m谩s importantes de la historia de la humanidad.

Aunque la expedici贸n fue un 茅xito, las penurias y fatalidades volvieron a ser pan de cada d铆a en un viaje que se prolong贸 ocho meses m谩s de la previsi贸n inicial, que calculaba fueran tan s贸lo dos. Nueve cient铆ficos y doce porteadores contratados en un pueblo cercano, compon铆an esta expedici贸n equipada sin reparar en gastos financiada con la colaboraci贸n del ayuntamiento de Pardaldemoro. Esta aventura puso a prueba la capacidad del hombre para sobrevivir en un entorno salvaje donde los peligros se suced铆an ininterrumpidamente. A los veinte d铆as de expedici贸n, cruzando entre denso follaje por una empinada cuesta, el gu铆a aut贸ctono que presid铆a la expedici贸n pis贸 sin querer la cola a un le贸n y 茅ste le atac贸 con inusitada c贸lera delante de los cient铆ficos y arrastrando se lo llev贸 al interior de la jungla. A pesar del gran susto y consternaci贸n nada se pod铆a hacer ya por la vida del gu铆a, cuyos gritos se siguieron oyendo durante un rato. La consumada experiencia del se帽or Laurencio Puerco, junto con mapas y aparejos de que dispon铆a le permit铆a orientarse con exactitud y continuar as铆 con la expedici贸n.

La ruta seguida, basada en optimistas conjeturas del se帽or Laurencio result贸 ser de extrema dificultad y repleta de grandes peligros. Pe帽ascos, acantilados y desfiladeros requirieron para ser superados colgamientos peligrosos, arriesgados balanceos y grandes esfuerzos, que no hac铆an sino motivar la obstinaci贸n del se帽or Laurencio, que alentaba a sus compa帽eros clamando la gloria e inmortalidad que alcanzar铆an con su descubrimiento. Hab铆a vendido su casa y todas sus pertenencias para sufragar parte del coste de la expedici贸n y no estaba dispuesto a rendirse bajo ninguna circunstancia.

Una semana despu茅s de iniciar el ascenso se perdieron parte de las provisiones y el botiqu铆n junto con dos porteadores cuando cruzaban con sumo cuidado y agarr谩ndose unos a otros un riachuelo. A煤n lamentando la perdida, innecesaria y debida al ataque de p谩nico de un cient铆fico cuando la mierda de una gaviota le impact贸 en la cara y empuj贸 a los porteadores, se decidi贸 continuar con la expedici贸n, considerando improbable ir en busca de los ca铆dos, que se fueron con la corriente cayendo por una cascada de m谩s de cien metros. Dos d铆as despu茅s, una hiena, asom谩ndose entre los matorrales mordi贸 en la pantorrilla a otro sherpa, llev谩ndose un buen trozo de carne. Entablillado y con unas muletas improvisadas pudo proseguir la marcha. M谩s adversidades se encontraban, m谩s crec铆a el empe帽o y determinaci贸n del se帽or Laurencio Puerco. Poco despu茅s una serpiente venenosa mordi贸 a dos cient铆ficos de la expedici贸n, habi茅ndose de amputar la pierna a uno y al otro un moflete; las heridas fueron cauterizadas al fuego, sin ninguna anestesia. Comenzaba a desfallecer el entusiasmo de la comitiva y el agotamiento de los cient铆ficos llegaba a tal extremo que dos de ellos hab铆an de ser transportados por los sherpas, circunstancia que propici贸 que una ma帽ana al despertar los sherpas hubieran desaparecido, llev谩ndose buena parte de las provisiones. La pesadumbre cay贸 a plomo sobre el 谩nimo de los miembros de la expedici贸n y decidieron acampar para descansar unas jornadas. Hubo de consentir el se帽or Laurencio a pesar del retraso acumulado por las diferentes causas.

En la copa de los 谩rboles se re铆an los monos y una turbia niebla blanquecina rodeaba el ambiente cuando fueron atacados por sorpresa por una manada de gorilas furiosos y en extremo vigorosos que arras贸 el campamento, ensa帽谩ndose con los desvalidos y fatigados miembros de la expedici贸n. Atacaron con una violencia desbocada, quedando los pocos supervivientes de la masacre desperdigados por la jungla. A pesar de todos los percances, el se帽or Laurencio Puerco continu贸 el azaroso viaje a la cima junto al cient铆fico de la pata coja, Pedro Cuenco, que sobrevivi贸 milagrosamente a la persecuci贸n de un gorila.

Tal como estaba descrito por su antepasado, all铆 se encontraba la llanura del Pomodoro, paraje de ensue帽o repleto de flores donde esbeltos alces y algunos borriquitos pac铆an tranquilos. Escarbaron la tierra durante semanas, pero no hallaron ni el m谩s m铆nimo rastro min煤sculo de una pepita de oro, toda la monta帽a era granito puro. Estaban a punto de desistir, tras rebuscar incansablemente por la ladera d铆as enteros, cuando apareci贸 ante sus ojos un hallazgo much铆simo m谩s importante: un descendiente vivos de australopiteco, raza de hom铆nido supuestamente extinta.

El descubrimiento de una comunidad de seres protohumanos en nuestra era, iba a ser un suceso de crucial importancia y supondr铆a la revisi贸n completa de las teor铆as mantenidas hasta la fecha sobre el origen del hombre y el desarrollo de las civilizaciones.

El ejemplar de australopiteco fue capturado en ardua persecuci贸n por el se帽or Laurencio y Pedro Cuenco. Se trataba de un ejemplar macho de un humanoide notablemente m谩s peque帽o que el hombre actual que fue abatido de una certera pedrada del se帽or Cuenco. Podr铆an finalmente regresar victoriosos y alcanzar la notoriedad y el m谩s alto reconocimiento a pesar de las adversidades sufridas, pero desgraciadamente, el australopiteco se dio a la fuga cuando ya divisaban el embarcadero, emprendiendo el regreso a la cima de la monta帽a encaram谩ndose con sorprendente agilidad por las ramas de los 谩rboles.

A falta de pruebas tangibles y a pesar de las detalladas descripciones, la comunidad cient铆fica se mantiene esc茅ptica y acusa de farsante al se帽or Puerco, que trabajando en el hospital 鈥淟a Soledad鈥 est谩 ahorrando para subvencionar una nueva expedici贸n. Yo ya le he dicho que puede contar conmigo.

De resultas de su azarosa vida y m煤ltiples enfermedades y heridas sufridas a lo largo de sus viajes el doctor Laurencio ve铆a afectada su salud por diferentes dolencias. Era una persona delgada y huesuda, de estatura mediana. Ten铆a algunas cicatrices en la cara y su nariz era deforme y retorcida, muy parecida a un bu帽uelo. Carec铆a de cejas y su cara, salvo la piel rugosa y negruzca que rodea sus ojos y p贸mulos, era tersa y estirada, desdibujando su semblante con una mueca extra帽a. Su ojo izquierdo quedaba estirado hacia la oreja, que parec铆a tambi茅n se desplazaba, acerc谩ndose al ojo; en ese lado de la cara su boca mostraba siempre algunos dientes, deformado el labio con una cicatriz. Su voz se accionaba a trav茅s de un aparato que llevaba en el cuello confiri茅ndole un efecto el茅ctrico y vibrante. Sol铆a llevar turbante y vest铆a con una larga t煤nica adquirida en alguno de sus muchos viajes.

Fragmento de “El enigma de la cacat煤a” escrito por Rafael Homar

http://rafaelhomar.blogspot.com/

 
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