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Pasaban las horas y ella no volvÃa. Salió por la mañana, temprano, tenÃa mucho que estudiar en la biblioteca aquel dÃa; llevaba solamente una rebeca verde y sus libros bajo el brazo, ya comerÃa algo por ahÃ. Ya era tarde, no habÃa llegado para la cena, ¿dónde se podÃa haber metido esta muchacha? ¡porque estudiando a esas horas no estaba seguro!. Cuando llegue le va a caer una buena reprimenda; lo que no puede ser es que esté todo el dÃa sin dar señales de vida, ¿si tan sólo tiene dieciocho años!. No me vale como excusa que está muy agobiada con los examenes finales, si hubiera aprovechado mas el tiempo no tendrÃa ahora esas prisas. Si está estudiando no está muy mal del todo, lo malo es que me esté engañando y esté con ese chico, si el de…el de las pintas tan raras, ¡con ese peinado que lleva!, estarán sus padres contentos con él. Y esta niña sin venir, ¡eso es lo que dan los hijos preocupaciones!, cuando venga se va a enterar…
-¿Adela con quién habla usted?-preguntó la enfermera. -Con mi hija Laura-. Pero señora Adela ya no se acuerda usted, sino tiene ninguna hija, ni estamos en su casa, ¿ya no se acuerda?, ésta es una residencia para mayores sin familia, venga tomese las pastillas y a dormir. -¿Entonces no tengo ninguna hija?-, no Adela, no tiene usted ninguna hija.
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