Poemas, relatos y pensamientos
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Autor: Manel Mora
Fecha de publicación: 24 Octubre, 2006

Categoría: Poemas sociales
 

De luz y sombra (Fragmento)

Patrocinan la literatura de Ababolia

En esta página podéis leer un par de poemas de DE LUZ Y DE SOMBRA

El libro consta de 5 partes:

DE SOMBRA, DE LUZ, LA LUZ DE LA MEMORIA y EPíLOGO

Ambos poemas pertenecen a la parte DE SOMBRA

Número de Asiento Registral
02 / 2005 / 6272
B-3206-05

© Manel Mora y herederos

III

Parte I

En la cara perdida de mi ciudad,
el aire no huele a jazmín, ni a rosal,
ni a césped recién cortado.
La noche llega,
como de costumbre,
con una raya blanca en la frente.
Los cuerpos sin forma
se confunden
bajo sus zarpazos.
Muchos cambian la vida
por su esencia
deseando encontrar
desesperadamente
en lo terrenal lo eterno.

En la cara perdida de mi ciudad,
sobrevivenmueren hombres
de mirada vacilante
y de ojos ausentes, sin sombra.
De sus labios de ceramuerte,
cuelgan pálidas sonrisas
con un rencor ahuecado
en un olor de aire enrarecido.
En la cara perdida de mi ciudad,
el polvo de la muerte
habita dentro.

Parte II

En la cara perdida de mi ciudad,
no hay plazas
con frescor de plátanos,
ni calles alegres
con risas de cristales
acariciados
tenuemente
por el primer ocre del día.
No hay terrazas
fundidas
en los reflejos tibios
de la brisa.

En la cara perdida de mi ciudad,
infantiles almas
brotan de la bruma sangrante
del vacío de poniente.
Niños cuyo destino
es habitar en la vileza
de un ambiente colérico.

Un niño de mirada plomiza
juega en la soledad del olvido
de las sombras tristes de la tarde.
A su lado,
un clipper azulpálido desdibujado,
una cucharilla deformadamarillenta
con un resto blancomortal.

De un camastro enlutado,
pende un brazo
conteniendo aún en la vena
la punzante mortaja metálica
de su infame carcajada blanca.

En la cara perdida de mi ciudad,
los niños llevan en las manos
el roto espejo de lo vivido.

Parte III

En la cara perdida de mi ciudad,
las calles no se abrazan
haciendo el amor.
Es una tierra sedienta de risa
donde sólo anida un invierno
de lluvia oscura y ensordecida.
El sol y la aurora caminan
con botas de charol y plataforma.

No hay estallidos de luz.

Sólo princesas que contonean
el nocturno reino de las sombras.
Son destellos de la noche
que guardan
en sus manos
frágiles misterios
de corazones solitarios
y ofrecen
gemidos simulados
en camas de alquiler.

Son Vestales de la lujuria.
Son la sonrisa vertical de la luna.

Son mujeres. Son madres.
Y su mirada,
¡aún!
desprende un tierno pudor.
Y su cabeza,
¡aún!
puede erguirse
con un orgullo indestructible.

En la cara perdida de mi ciudad,
polvo de muerte…
rotos espejos…
princesas de la noche…

La cara perdida de mi ciudad.

IV

Bagdad se inundó de rojas gotas,
de infinitos lirios mortales
que vistieron la noche
de grises luces de muerte.

Hombres corrientes.
Niños corrientes.
Cuerpos llenos de harapos
regaron la tierra
de rostros sin nombre,
de claveles despeñados
por una lluvia verdemetálica
de resplandores Pentagonales.

Fue propagado
por las costuras del planeta.
El viento diseminó sus expiraciones.
Unió nuestras respiraciones
en contra del humedecido puñal.
O
La Tierra gritó un N N
O
desgarrado y esférico.
Sus iniciales se anegaron forjadas
en olvido, en silencio, en sangre…

Respirábamos millones,
respirábamos miles,
luego…
luego… unos cuantos.

Eran sólo hombres corrientes,
niños corrientes.
Eran sólo cuerpos llenos de harapos…

 
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