El halcón cansado se sienta en la paloma,
decide hay que buscar a los perdidos,
cavan la tierra endurecida por la sangre,
los gusanos blancos huyen despavoridos.
¿De quien es esta mano, este ojo, esta oreja,
este pie calzado con Nike americanos?,
pregunta un enmascarado,
con una brocha suave limpia las suelas embarradas.
Una calavera forrada en materia blanca blanda,
pide le reconozcan el derecho a tener nombre,
el juez se lo niega porque no está completa,
un policÃa dormita en un sillón.
Quizás logren encontrar al dueño del dedo que le sobra a la mano de seis,
sus huellas dactilares son distintas, la cédula se traspapela.
A los cuerpos mutilados no les encuentran el rostro,
son demasiados y sobran piezas que no casan.
En la cárcel ofrecen un plan,
muy preciso para armar rompecabezas,
un pie camina sin muletas y se pierde en la distancia,
una mano hace un gesto obsceno al que la desentierra, Se angustia porque no sabe si es derecha o izquierda.