Mi cuerpo exánime,
mis noches claras y frÃas,
mi vida acabada,
desterrada de su lugar.
Mis dÃas contados,
con dedos flacos y blancos,
mis pies cansados,
protestan ya no quieren andar.
Mis ojos ciegos,
en vaivén de paso tÃmido,
cansino
por este pusilánime sino,
se cierran en lágrimas.
Ya nunca más
este aliento volverá.
Mi aire se escapa,
entre la niebla espesa,
desde esta cosa
acabada y muerta.
Vuela y escapa,
de esta cárcel
oscura y estéril.
De mis costillas huecas,
mi corazón herrumbrado,
mis huesos podridos,
que sucumben
a la tormenta
de una noche efÃmera.
Redimida de mis dÃas,
redimida de mis cobardÃas,
de lo abandonado,
Sucumbo ante el silencio,
que anticipa esta tormenta.
Me siento a esperar
el desgarro.
Me siento a observar
la vida pasar.
Me siento a sentir
el estallido.
Siento.
Aún siento.