OLIVARES JIENENSES
Olivares picuales, impregnados de esperanza
Olivares infinitos en vaguadas y montes
Olivares marcados por vientos de lontananza
Olivares engallados en suaves horizontes
Que se extienden desde Alcaudete hasta Hinojares
Desde Montejicar a las cercanÃas de Arquillos,
Acebuches sinuosos, por cientos, por millares;
Centenarios, toscos, y retorcidos manzanillos
Que delimitan hileras paralelas de verdor
Ringleras que se prolongan hasta acariciar el sol
Ardiente, que abrasa estas parcelas de intenso color
Dorados, aúreos, cetrinos, vehementes de fervor
Reflejan siempre, la perspicuidad y el fulgor del sol
Expandiendo su organoléptico e inconfundible olor.
ACEBUCHES VERDINEGROS
Oleastros inmemoriales
Sedentarios y sedientos
Centenarios y ancestrales
Siempre a merced de los vientos.
Verdinegros garrotales
De escamujos fusiformes,
Ensartados en bancales
Monótonos, uniformes.
Siempre alheñando de color
Los montÃculos y alcores,
Las hondonadas y valles.
Siempre inundando de olor
Los pueblos y alrededores
Las casas, plazas y calles
CETRINOS ESCAMUJOS
Asperos troncos encarrujados,
Retorcidos y arrugados fustes,
Leñosos y amaderados maslos,
apizarrados, grises, negruzcos
Plenos de salientes y resaltos,
De surcos, hendiduras y muescas
son huellas de un estoico pasado
que delatan su gran reciedumbre
y su carácter firme y porfiado
fruto del perpetuo desafÃo
que libra con un suelo enjugado,
seco, adusto, tosco, y empobrecido,
pero que engendra un fruto preciado
áureo, cetrino, verdoso, negro
suspendido, prendido y colgado
de ramajes, brazos, tallos, varas
y escamujos finos, y alargados
que forman un espeso carrujo,
a veces denso y abigarrado
proyectando su sombra lóbrega
sobre algún extraviado rebaño
ovino, trashumante por tierras
jienenses, tierras de aceite claro,
oleaginoso, virgen, y puro.