Las noches azules no son nada sin tu tacto acolchado y permanente,
la brisa, inconsciente, acaricia tu ombligo,
tus sienes, tu nariz,
tu boca,
puesta del revés y de frente,
sobre mi vientre despistado y casi hueco.
Tu lengua, esa tan bÃfida y azucarada,
se interpone de repente, acallando los estigmas doloridos
de mi cuerpo codicioso y sin modales, irreverente.
Tu lengua, esa impertinente sanguijuela afortunada,
se recrea en su suerte deshuesada,
y sonriente.
Placebo de noches sin espejo, almacén descolorido,
bocas interpuestas sabiamente,
sexo mudo y a conciencia,
en costados transparentes, consentidos.