Ser, suicidado a tu seductiva, morbosa,
como la cena cocida del hambre que cargas
entre cadenas de muslos y dagas ovales
punzando latidos hasta la piel de mi alma…
Entre la entorchada pirámide y el satanismo
violabas mi tridente con el ácido trotador,
contra tu cuerpo femenino, al calor fundido,
del insÃpido perturbador sabor al dolor.
A reptar entre piernas hasta mi viril caudal
que a tus infiernos mojados me arrastrabas
gritando vigorosos jadeos a los que inclino
a tu despiadada boca llena de telarañas.
Lo angelical fue la vela para mi trampa,
nada más… hasta caer al abismo asesino
de tu pasión perfumada, a diabla malcriada,
logrando hacer llorar mi útil corazón mordido.
Ser demonio no es suficiente… tu satisfacción
de pinte virginal se confundÃan en tus ladridos,
con tu sombra -la silueta perfecta de vÃbora-,
hasta los gritos temblados del sexo fingido…
Gino Alexander Amaya
20040329