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Una cesta con moras le llevaré a mi amada
maduras y moradas, repletas de frescor,
prendida con mis manos la fruta deshojada,
desbrozada de espinas que oculten su esplendor.
Pondré una en su boca de anhelos perfumada,
de sonrisas doradas al fuego abrasador
de un lunes de agosto, nerviosa su mirada,
que sin pedirme nada, me regaló una flor.
Su tallo, entre mis dientes, yo sujeto con rabia.
No quiero derramar ni una gota de sabia
ni aromas ni fragancias que el viento burlador
afane a mis sentidos susurros ni lamentos,
imágenes, caricias, espacios ni momentos
de aquel lunes de agosto en que morà de amor..
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