Delante de una botella de vino me muevo
en cÃrculos,
velado, envuelto en el humo del tabaco que se calcina
que se consume al ritmo impávido del tiempo;
despacio, lentamente, desmenuzándose y cayendo al suelo,
mi tiempo
y sobre la mesa un libro de Bukowski y otro de Rochefoucauld,
Pessoa también asomando bajo la bruma, sus poesÃas
que como a un mosquito en ámbar
me dejan atrapado en la oscuridad
y el silente pensamiento de mis neuronas
¡Dios!, hilaba fino
y yo aquà incapaz de nada
memorable, galerÃa de intentos fracasados, mis poesÃas
que rezuman savia de un árbol muerto.
me siento en la silla, frente al vino,
mi silla que siempre al posar mi culo en ella, se queja,
es decir, chirrÃa por el peso de la congoja
del miedo que con el paso del tiempo se va tornando
pereza,
y como pesa, como para partir en dos el trono
de alabastro en el que el hado siempre rudo
se sienta.
y cuando los gritos cesan comienzo
como el agricultor
a hincar el frÃo metal en la tierra
blanca, todavÃa virgen
a la espera del hierro bañado en sangre negra;
¡allá voy!, todavÃa trémulo pero mis manos ya se mueven,
cavan hondo, cavan profundo, ¡cavan en busca del diablo!
lo busco en sus dominios
para terminar junto a él y a grandes tragos
la botella ….