Ciertamente, ha pasado ya bastante tiempo desde que no sé nada de ellos. En algún momento me he preguntado que impresión global se habrán llevado de nuestro tiempo juntos, lo confieso, pero es un segundo de insignificancia cuando a mi mente acuden aquellas jocosas y entretenidas tardes de antaño.
Los dejé en su gallinero particular. Dejé a unos que parecÃan haberse marchado como aquel que se va a buscar tabaco, dejé a otros que seguÃan acudiendo al gallinero pero no ofrecÃan ningún tipo de sustento a las gallinas y dejé a otros que seguÃan, como cada mañana cuando se levanta el sol, revolucionando a las gallinas, a las débiles y a las fuertes, bien fuera por entretenimiento personal, bien por su talante de gallo real. Sea por lo que fuere, me alegro profundamente de haber compartido algo muy importante en mi vida: Mi tiempo y algunos de mis sentimientos.
Ya no tengo deseos de acudir de nuevo a aquella granja donde estaba el mejor gallinero que, aún hoy, he conocido. Es una lastima, sÃ, pero mis recuerdos me han traicionado un par o tres de veces en los últimos meses y asomándome desde los arbustos más próximos, no he hecho más que desvirtuar aquellos recuerdos. No niego que me encantarÃa poder disfrutar de nuevo de la compañÃa de aquellas gallinas, pero me temo que habrÃa de ser en otra granja, en otro lugar donde las gallinas no ponedoras tengan un talante más participativo y se involucren más en las orgÃas del resto de gallos y gallinas.
Espero, no sin cierta excitación, que algún dÃa yo pueda brindar un gallinero digno para que estás gallinas se sientan cómodas a mi vera.
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