Poemas, relatos y pensamientos
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Autor: Víctor Morata Cortado
Fecha de publicación: 22 Diciembre, 2006

Categoría: Reflexiones de la vida
 

En las profundidades del propio ser

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Dicen que el cíclope cedió uno de sus ojos a cambio de sabiduría, de la capacidad de ver más allá. Realmente lo consiguió, incrementando su intuición hasta los límites que separan este mundo de aquel otro que muchos ignoran e incluso escépticamente rechazan. En el fondo todos somos como el cíclope, ya que bajo esta piel y esta carne que baña nuestros, a veces raídos, huesos, poseemos ese ojo que para los orientales ocupa de llamarse el tercero. Igual que este ser mitológico, la apertura de esta visión extrapolada conlleva consigo un precio, fruto del sacrificio y la entrega a una práctica cotidiana y a la vez difícil, la comunión con uno mismo. Conócete a ti mismo y llegarás a la Verdad. Cuando muchos consiguen contemplar lo circundante a través de la energía que del Ajna se desprende en su armónico girar, se descubren asombrados y quedan absortos ante la majestuosidad de lo habitual. Lo mundano adquiere un halo del que ya difícilmente uno puede desprender de cada objeto o ser que le rodea.

Mali se encontraba abstraído en sus pensamientos hasta que un día, sin avisar, dejó que esos pensamientos, que más bien hacían sombra y mortificaban su escuálida persona, fluyeran y al instante se desvanecieran, sin tan siquiera despedirlos al marchar. Evaporó de su ser, de forma sutil y casi sin pretenderlo, todo el lastre que el pasado había ido almacenando en los recovecos de su memoria y de su alma. Sintió como un gran peso se desprendía, dejando en él la más pura esencia de liviandad. Todo esto lo vivió un día mientras, con las palmas hacía arriba, se unió a la música de Health of Touch en un sublime acto de comprensión, de conexión casi divina. Su mente voló perfilando las notas de tan adorable melodía, subyugada a la felicidad que súbitamente empezaba a recorrerle desde el espinazo. Notó despertar dentro de sí algo grandioso, se vio cara a cara con su ser interior, sin dejarlo pasar esta vez, sino saludándolo afablemente entre las volutas de aquel incienso natural que envolvía con discreción la estancia. Liviano y feliz como se encontraba, se dejó llevar y transportar a lo más profundo de su conciencia, olvidando incluso su propio ser. Su cuerpo, tan pesado, tan denso, permitió que su verdadera esencia se desprendiera para verse desde otro plano. Mali sonrió fraternalmente al verse en la posición del loto allí postrado, con los ojos cerrados y en paz. Ligero como se sentía decidió abandonar la sala, dejando aquel compartimento humano por unos instantes que se prolongaron en una quietud adorable. Disfrutose de tal ambrosía que le alimentaba y le nutría, llenándose de Amor, hinchándose de gozo. Entonces comprendió que a pesar de sentirse tan pleno lejos de aquella prisión de carne y huesos, no podría alcanzar la felicidad en el mundo si no conseguía transportar aquello que en tan delicada situación sentía sino era en perfecta comunión de todos sus cuerpos sutiles. Así henchido de absoluta comprensión decidió volver a su cuerpo, colocar las manos, palmas unidas, junto a su pecho y dar las gracias antes de abrir los ojos.

 
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