Dicen que el cÃclope cedió uno de sus ojos a cambio de sabidurÃa, de la capacidad de ver más allá. Realmente lo consiguió, incrementando su intuición hasta los lÃmites que separan este mundo de aquel otro que muchos ignoran e incluso escépticamente rechazan. En el fondo todos somos como el cÃclope, ya que bajo esta piel y esta carne que baña nuestros, a veces raÃdos, huesos, poseemos ese ojo que para los orientales ocupa de llamarse el tercero. Igual que este ser mitológico, la apertura de esta visión extrapolada conlleva consigo un precio, fruto del sacrificio y la entrega a una práctica cotidiana y a la vez difÃcil, la comunión con uno mismo. Conócete a ti mismo y llegarás a la Verdad. Cuando muchos consiguen contemplar lo circundante a través de la energÃa que del Ajna se desprende en su armónico girar, se descubren asombrados y quedan absortos ante la majestuosidad de lo habitual. Lo mundano adquiere un halo del que ya difÃcilmente uno puede desprender de cada objeto o ser que le rodea.
Mali se encontraba abstraÃdo en sus pensamientos hasta que un dÃa, sin avisar, dejó que esos pensamientos, que más bien hacÃan sombra y mortificaban su escuálida persona, fluyeran y al instante se desvanecieran, sin tan siquiera despedirlos al marchar. Evaporó de su ser, de forma sutil y casi sin pretenderlo, todo el lastre que el pasado habÃa ido almacenando en los recovecos de su memoria y de su alma. Sintió como un gran peso se desprendÃa, dejando en él la más pura esencia de liviandad. Todo esto lo vivió un dÃa mientras, con las palmas hacÃa arriba, se unió a la música de Health of Touch en un sublime acto de comprensión, de conexión casi divina. Su mente voló perfilando las notas de tan adorable melodÃa, subyugada a la felicidad que súbitamente empezaba a recorrerle desde el espinazo. Notó despertar dentro de sà algo grandioso, se vio cara a cara con su ser interior, sin dejarlo pasar esta vez, sino saludándolo afablemente entre las volutas de aquel incienso natural que envolvÃa con discreción la estancia. Liviano y feliz como se encontraba, se dejó llevar y transportar a lo más profundo de su conciencia, olvidando incluso su propio ser. Su cuerpo, tan pesado, tan denso, permitió que su verdadera esencia se desprendiera para verse desde otro plano. Mali sonrió fraternalmente al verse en la posición del loto allà postrado, con los ojos cerrados y en paz. Ligero como se sentÃa decidió abandonar la sala, dejando aquel compartimento humano por unos instantes que se prolongaron en una quietud adorable. Disfrutose de tal ambrosÃa que le alimentaba y le nutrÃa, llenándose de Amor, hinchándose de gozo. Entonces comprendió que a pesar de sentirse tan pleno lejos de aquella prisión de carne y huesos, no podrÃa alcanzar la felicidad en el mundo si no conseguÃa transportar aquello que en tan delicada situación sentÃa sino era en perfecta comunión de todos sus cuerpos sutiles. Asà henchido de absoluta comprensión decidió volver a su cuerpo, colocar las manos, palmas unidas, junto a su pecho y dar las gracias antes de abrir los ojos.