Poemas, relatos y pensamientos
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Autor: Ademir
Fecha de publicación: 29 Agosto, 2007

Categoría: Reflexiones de la vida
 

Ecos del mundo antiguo.

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Idomeneo

Este adalid cretense se hizo célebre en todo el orbe por sus bélicas hazañas. Sus
guerreros atavíos manifestaban la personalidad avasallante que lo distinguía:
yelmo con colmillos de jabalí, escudo con la figura de un gallo. Su temeridad era
ilimitada: luchó por el cadáver de Patroclo, se ofreció para enfrentar al gran
Héctor, triunfó como púgil en los juegos fúnebres en honor a Aquiles. Y sin
embargo este espíritu feroz, tal vez perdió la contienda más importante de todas.
Al volver al hogar tras el saqueo de Troya, su flota se vio acometida por un tifón
descomunal. Idomeneo cohibido, prometió a Poseidón sacrificar, por un regreso salvo
a Creta, lo primero que se le presentase a la vista al retornar al hogar. Tal ser
fué su hijo, que ilusionado por la vuelta del padre, lo había ido a recibir al
puerto. Idomeneo, el siempre triunfador, cumplió con la palabra empeñada muy a su
pesar. ¿Qué aconteció aquí? ¿Una victoria más a su palmarés intachable, o la más
aciaga derrota del campeón que no pudo imponerse en el desafío definitivo ante su
máximo rival: superarse a sí mismo a través de la piedad y el amor filial?
La respuesta quizá no tenga importancia.

Pigmalión

¿Cómo no ver en esta inolvidable figura una conmovedora representación del artista
y su sentimiento? Desconfiado de las mujeres, incapaz de soportar despecho alguno,
Pigmalión acudió a su talento para esculpir una fémina de mármol, una escultura de
la diosa Afrodita. Le prodigaba todo tipo de ternuras: dormía con ella, le tocaba,
le susurraba palabras de amor. Compadecida la diosa, una noche, y esto es descrito
por Ovidio de un modo delicioso y gráfico, transformó paulatinamente la obra del
enamorado, al ritmo de sus caricias anhelantes, en una joven hermosa: Galatea, con
la que vivió muy feliz. Así entonces el artista es capaz de dar vida, su vida, a
través de la inspiración y el deseo fervoroso de expresarse. Pero de igual modo,
la historia de Pigmalión bien podría ilustrar la fascinación enfermiza de
Occidente por su desarrollo tecnológico que le ha valido elaborarse un mundo
particular que poco a poco va dejando de ser suyo y vital. Como si fuese un
grotesco Pigmalión, que superando a Narciso, habiendo recibido el valioso obsequio
de la diosa, lo rechazara airado, y se forjara otra consorte de mármol para
abrazarla en la soledad y el silencio.

Nictimene

La bella Nictimene era hija de Epopeo, rey de Lesbos. En una ocasión nefasta,
Epopeo se enamoró de la núbil princesa. Una versión del mito asegura que ella en
un principio consintió en mantener las prohibidas relaciones, empero
posteriormente, avergonzada de su proceder, se ocultó en un espeso bosque. Al
percatarse de su honda pesadumbre, Atenea se llenó de clemencia y la transformó en
lechuza, criatura que huye de la luz y sólo sale en el refugio de la oscuridad.
Otra versión citada por Higinio, relata que por el contrario, Nictimene se
resistió a los furiosos deseos del padre, quien no obstante la defensa
desesperada, habiendo saciado su deseo, le quitó la vida para luego suicidarse. De
igual manera la desdichada es convertida en el ave de la noche.
¿Cuál versión del mito es la que debemos aceptar?
Posiblemente la respuesta la tenga el incesante quejido de la lechuza entre las
sombras de la floresta tupida y solitaria, pero tal vez también la tenga la
permanente mirada de los ojos enormes y aterrados de Nictimene, que a lo mejor nos
quiera decir silenciosa y angustiada, que el dolor por la desgracia ajena no
requiere razones ni antecedentes, sino más bien precisa ser manifestado
misericordiosamente, brindando unos brazos bien abiertos y unos ojos bien cerrados.

Jesús Ademir Morales Rojas

 
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