Poemas, relatos y pensamientos
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Autor: Ira Kaplan
Fecha de publicación: 2 Agosto, 2006

Categoría: Reflexiones de amor
 

Carta a María del Mar

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Después de lo que pasó en aquel putrefacto antro, intentándome acercar a una chica para combatir todas mis frustraciones, me hice una imagen nueva de mí. Me dije que no volvería en pensar en ti. En cierto modo, renunciaba a esperanzas que siempre habían mantenido una especie de llama, de luz en mí. Por un tiempo, incluso, se había convertido en un pensamiento agradable (llámalo ilusión si quieres). Ahora mismo estoy confundido. Estoy incluso, un tanto inquieto y es esta inquietud la que me ha llevado a escribir estas palabras. Lo que ha desencadenado mi estado (no acabo de estar mal del todo, otras veces me hubiera derrumbado) es algo tan simple como el ver el rastro de la chica de detrás de mí en el tren. Es preciosa, con esa expresión de dulzura en su cara que tanto me gusta. Se le ve sencilla, pero muy elegante. Escribiendo esto me doy cuenta que esta chica de detrás, sin parecerse del todo, me ha recordado de una manera invisible a ti.

Me gusta pensar en ti, en lo que significas, en el faro que iluminas, mi guía. Lo fuiste desde el momento en que experimenté mi primera apertura al mundo que iba más allá de las paredes de mi habitación, de las clases del pasillo de la tercera planta del colegio, más allá de la televisión y de la consola. Eres, de largo, la persona que más admiro y la primera que me deslumbró. Tengo recuerdos que quiero escribir para que perduren. Uno de ellos es un sueño, o una ilusión, que esperaba que ocurriera. No sé muy bien cómo empezaba, pero sé que en algún momento de mi vida, sobre los 21 años, en aquel mítico año 98, entre Octubre y Noviembre, soñaba (en el sentido de esperar) que siendo ya tarde, sobre las 23:00 o 24:00 h, me llamabas por teléfono y nos dirigíamos a un parque para hablar, para hablar de nosotros dos. Me recuerdo ya en la cama, me cambiaba de ropa y para no esperar el autobús, me dirigía a pie, a reunirme contigo. Y hablábamos. Hablábamos de lo nuestro, de lo que empezaría, de nuestra declaración de intenciones hacia el otro.

Pensar en ti me reconforta. No hay rencor, ni pesar, ni siquiera pienso en lo azarosas que llegan a ser las conjunciones de espacio y tiempo. Pienso en aquella maravillosa tarde de Noviembre, día 19, del mítico 98 (siempre que pienso en este año utilizo el mismo adjetivo). Te recuerdo, te recuerdo en Espulgues, sí, en aquel acogedor bar. Frente a mí estabas tú, detrás de ti, aquella televisión enorme. Una canción en directo de Tam Tam Go, pero en sobremanera, el Unplugged de Rod Stewart. La canción, “Mary May y el solo de mandolina. Y tú estabas delante. Pienso en ti en la parada del autobús, sobre las 20:30 h. Recuerdo que estaba algo callado y tú hablabas de coches: “¿Te gustan lo coches?, “A mí me gusta el Hyundai Coupé”. Sic. Sic. “Aunque para una familia es mejor el Passat“. Más sic. “El Ford Ka es igual que el coche del Urkel por detrás. Yo siempre lo digo”. Perversa casualidad: el Ford Ka, del mismo color rojo, siendo conducido por una grande, enorme (otra) mujer. Aquel Sábado de Noviembre acabó con derrota, pero con un sabor dulce en la boca. Lo noté nada más volviendo en el 68. Una tarde contigo, una tarde conmigo. Una tarde de otoño juntos. Precioso. Tú, tan encantadora, como hubiera podido pensar en el mejor de mis sueños.

No puedo decir que te idealice, porque tú eras así. No paro de preguntarme qué es de ti en estos momentos. Y ahora mismo he tenido un pensamiento que me ha inculcado el pensar que puede que tengas niños. Hasta ahora, dejándome llevar por un optimismo – que siempre, siempre me ha traído más problemas que ventajas -, no había pensado en la posibilidad que lo hayas dejado con Xosé Manuel. No me reconforta la resignación. De corazón, espero que seas plenamente feliz. No te idealizo, escribo sobre el ser más maravilloso que he encontrado (y lo peor de todo, no veo nadie que sea más perfecto que tú). Te vi especial desde 7º. Tu carpeta de Lotto, de tela, con reborde rosa. En C.O.U todavía la utilizabas. En 8º estabas enamorada (o ligeramente) de áquel insoportable, que además, se llamaba Óscar. En 1º, “Gracias por ayudarme, preparando el examen de historia del día siguiente. En una clase de dibujo, cerca de Navidad, preparando unos murales para colgar en las paredes. En 1º, cuando una de las Madres expresó delante de los que formábamos la clase de 1º A lo responsables que eras, cuando fuiste la única que sacó la fotografía de uno de esos animales raros para hacer fichas de biología. En 2º, a las 12:20 h de un Martes lluvioso, con tu paraguas en la mano, estabas radiante, habías hecho de manera correcta un ejercicio del examen de Matemáticas. No sé lo que dijiste por el paso, medio corriendo, pero estabas preciosa. En 2º, voluntaria para leer un relato de Rosalía de Castro. En C.O.U., con Pedro Salinas. “Yo también creo que Popper es fácil de comentar, sentados en el suelo del Campus Nord. En C.O.U., en uno de tus momentos estelares, tocando el acordeón, momentos después de ser coronada como “matrícula de Honor. Llevabas un vestido negro. Estabas espectacularmente bella. Tu elegancia no la he visto nunca superada. En 1º de universidad, una tarde Lunes de Septiembre, seguramente de la segunda o tercera semana. Cogiste de la mano a tu sobrina, rubia, simpática, pilla. Jugabais con tu cadena. Ella te la introducía en la boca. Estabais las dos muy emotivas.

“Siendo como eres no creo que te resulte encontrar una chica”. “Recuerdo que una vez te dejé unas tijeras y cuando me las devolviste, me dijiste algo muy bonito. Escribir y pensar en ti es un alivio. Un alivio porque todas esas chicas que me dan la espalda, todas esas chicas que no saber ver lo que hay en mí, no llegan a una mínima parte de tu elegancia, belleza, inteligencia y sensibilidad.

Gracias, porque en ti soy como soy. Por ti he aprendido a amar la música, el gusto por escribir. A ti te debo ampliar mis horizontes culturales. A ti te debo mi sensibilidad. Eres mi espejo. No hay nada que te supere. He encontrado la belleza, aquella belleza a la que hace referencia Phil Ox. Por ti doy un paso adelante. Por ti merece la pena seguir progresando, esforzarme por ser mejor.

Por ti, María del Mar, con toda la emoción.
Óscar

 
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