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Un horrible sudor frÃo recorre mi espalda. Cualquiera que me viera en esta situación se extrañarÃa. Yo nervioso, y lo próximo que pasase serÃa el fin del mundo.
Sé que mis amigos dirÃan eso, porque los conozco demasiado bien. Es una de las cosas buenas que tiene tener pocos amigos, que los puedes leer como un libro abierto.
Ahora sin embargo no están aquà para restar importancia a este maldito asunto.
Es extraño ver como nos comportamos por una mujer. PodrÃa conocer a una chica de unos pocos dÃas y saber que es perfecta para mÃ, sin embargo no se suele compartir ese punto de vista.
Y ahora la espero a ella, probablemente la chica mas preciosa que he conocido. Como dije antes solo la conozco de un par de veces pero confÃo en ella, ya que alguien con esa sonrisa dudo que pueda hacer daño a nadie.
Y aquà estoy con todas las notas que le escribà y que nunca me atrevà a darle, para declararle un absurdo amor (¿es realmente eso o sólo una obsesión pasajera?)
Llegados a este punto esta triste historia solo tiene dos posibles finales, uno de ellos es salir de aquà cogidos de la mano paseando mientras cae la noche, el otro y, más probable es quedarme sentado en este mismo lugar viendo lo absurdo de mis actos.
Cuando la veo llegar se me acelera el corazón. Vuelvo a la infancia, a cuando tenÃamos unos quince años y tartamudeas cuando hablas con la chica que te gusta.
Ha llovido demasiado desde esa edad, pero extrañamente ahora paso por lo mismo.
Cuando me saluda me sonrÃe, y luego me pregunta que porque he insistido en vernos, que somos casi dos desconocidos.
Tiene razón, pero ya que he llegado hasta aquà acabo a lo que he venido, pero sin embargo sé que no podrÃa aceptar un rechazo. No de ella.
Asà que la digo que la quiero, que aunque no nos conozcamos la quiero en mi vida y que siempre voy a estar ahà para lo que necesite.
Mis palabras son demasiado egoÃstas pero son sinceras.
La veo incómoda, dudosa y extrañamente frÃa y calculadora con las contadas palabras que llega a pronunciar.
Pero al final se calla, y sigo hablando yo. Propongo que es buena idea que me vaya a dar una vuelta, que ella lea todas mis cartas y que dentro de unos minutos volveré y que si sigue allà podremos intentar solo lo que ella quiera, pero si decide irse la dejaré en paz y nunca volverá a saber de mÃ.
Acepta y acto seguido comienzo a pasear.
Mis ilusiones hacen de estos largos minutos un instante.
Pero sin embargo cuando vuelvo en el banco solo queda una caja con un número considerable de cartas dentro.
La conocà hace tres años, mediante una amiga de ambos. Desde ese dÃa no ha pasado un dÃa que no le escribiera o no soñase con ella., y al menos todo eso ya lo sabe.
Me siento en el banco y me doy cuenta del ridÃculo que soy.
Lágrimas saladas se deslizan por mis mejillas, pero no me avergüenza llorar.
Un chico me ve y le entra la risa, y mientras tanto el dÃa gris termina con una llovizna triste y agridulce, casi nostálgica.
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