Y justamente, en ese momento, él apareció, como un reflejo del pasado, una distorsión mal lograda, como una broma sin gracia.
Rondando las siete comenzaron a preparar los mojitos y nomás antes de las ocho ya bebÃamos. Y me encontré de pronto sumergida en una gente sin conversación, acorralada por una conversación sin gente.
Se respiraba risa, sudor y embriaguez. Unos cuantos canturreaban en un delirio virgen de grandeza ya oxidada. Retumbaba en el bullicio taciturno el himno de los Rebeldes de la Guerra de Guayaba, como el constante chirrido de una puerta olvidada, lo que en otros tiempos fue el canto de la justicia y la libertad.
Cabeza gacha, tan sólo acertaba a preguntarme el porque de aquella precipitación musical de la cogorza.
Se respiraba aire ya respirado y el tiempo parecÃa pasar menos a cada instante pasado.
Y justamente, en ese momento, él apareció, como una sombra anacrónica y sentà una punzada tan aguda que tuve que reÃr para acallar mi propia soledad, sabiendo que, finalmente, la predeterminación de lo incierto tornarÃa el ansia en indiferencia.