El cambio mundial producido por la globalización es de sobra conocido por todo aquel que viva en este planeta y tenga acceso a un televisor. No es nuevo hablar de los desequilibrios económicos entre paÃses pobres y ricos, ni del dominio de las multinacionales en este sistema económico-social, ni de la falta de alternativa al capitalismo. Todos alguna vez hemos pensado en estos aspectos que la globalización trae consigo o de los cuales se alimenta.
<!–more–>Empero, hay una cosa mucho más importante a largo plazo que no se tiene presente al argumentar a favor o en contra de la globalización: La evolución humana.
Es erróneo pensar en la evolución del ser humano desde el mono hasta el Homo Sapiens sapiens, el hombre no es como un modelo de coche que ha evolucionado y mejorado hasta llegar al increÃble portento intelectual y fÃsico que es hoy. La Naturaleza, en su infinita inteligencia, hace pruebas con todas las especies de la faz de la Tierra; estas pruebas son las mutaciones causantes de la aparición de nuevas especies entre las que se halla, por supuesto, el Homo Sapiens sapiens. Una mutación creó un nuevo homÃnido que vivÃa en comunidad y no en pequeños clanes familiares como el neandertal, el que antaño fuera nuestro contemporáneo, tal vez este numeroso apoyo social fue determinante o el detonante para la supervivencia de uno y la extinción del otro.
En “El origen de las especies “, Charles Darwin nos explica que para la evolución de una especie es necesaria una mutación producida en un grupo de individuos aislados, esta alteración en la configuración genética les convierte en los supervivientes a determinados e imprevistos cambios en su entorno, perpetuando la nueva y mejorada genética durante las generaciones venideras.
La globalización atenta directamente contra la evolución porque ya no habrá “individuos aislados‿ receptores de la mutación imprescindible para mejorar la especie humana, que es susceptible de medra en muchos aspectos; las innumerables caracterÃsticas execrables en el carácter y pensamiento de los hombres tal vez son el siguiente obstáculo evolutivo a superar. La violencia, la codicia, el ansia de poder, el odio, la envidia, la intolerancia, la crueldad, el guerrear… todo lo que desemboca en sufrimiento no tiene solución de mano de los hombres, ha quedado demostrado a lo largo de la historia que tras muchos inventos y utopÃas solo se ha conseguido vislumbrar que la condición humana hace degenerar toda buena idea e intención convirtiéndola en un malévolo antÃgeno social.
Queda patente que solo hay una cosa ante lo que somos universalmente humillados en inteligencia: La Naturaleza.
Su prueba llamada “ser humano‿ es, sin duda, mejorable y debemos esperar la consecución de este apelativo porque la Naturaleza busca la perfección y es la única capaz del remedio para los rasgos deleznables de nuestra condición. Es asÃ, no somos la panacea evolutiva, el hombre moderno o Cro-Magnon lleva caminando por la Tierra solo 40.000 años como demuestran los restos encontrados en Francia, en contraposición a los millones de años de evolución durante los cuales la Naturaleza ha estado experimentando.
¿Y que hace el ser humano? Se inventa la globalización. Aquà se acabó la evolución del Homo Sapiens sapiens. Pero, ¿qué hay sin evolución? La extinción.
Es un hecho cientÃfico, los individuos no adaptados al medio desaparecen. Les pasó a los dinosaurios, a los mamuts, a los neandertales y nos pasará a los Cro-Magnon.
La globalización parece imparable, la falta de “individuos aislados‿ que conlleva traerá funestas consecuencias para la humanidad.
Pero hay un rutilante rayo de esperanza, quizás.
La Agencia Espacial Europea y la NASA llevarán a cabo las misiones Corot en 2006 y Kepler en 2007, respectivamente. La finalidad de éstas es la búsqueda de planetas rocosos similares a la Tierra y que orbiten alrededor de una estrella a una distancia que permita la vida. Este descubrimiento traerá ingentes cantidades de preguntas y respuestas a nuestros esmerados cientÃficos sobre cuestiones que escapan al entendimiento del resto de los mortales. Pero, es bello pensar que una idea fugaz ha podido cruzar la mente de alguno de estos ilustres cientÃficos, tal vez hayan imaginado para la misión una finalidad cargada con esperanza: encontrar un planeta donde sea posible la vida, y no exista la globalización, al cual enviar a un grupo de individuos elegidos para aislarlos y asà favorecer la mutación necesaria para alcanzar el ideal de un ‿Super Homo Sapiens sapiens‿ que no tenga las mezquinas taras mentales, del resto de nosotros, que nos condicionan hasta la inmundicia y envilecen y entristecen a la vida en nuestro hermoso planeta.
Tal vez, esta sea la única forma de que el ser humano cambie.