Creo firmemente en la amistad entre el hombre y la mujer.<!–more–> En verdad, si no es sincera, no existe tampoco entre varones, porque significa que el vínculo para alguna de las partes ha nacido por un interés político, económico, sexual u otro, pero no porque se haya despertado entre dos seres un sentimiento fraternal y espontáneo.
Cuando es real se vuelve una relación de hermanos, y entre un hombre y una mujer permite, especialmente para el varón, vivir un feedback muy especial en un dar generoso y simétrico, que no siempre se presente en los noviazgos y matrimonios, donde a veces hay alguien que entrega todo y otra persona que sólo espera y contabiliza,……. y cuando ya se cansó de recibir se va en busca de otro proveedor.
Ahora que… no todos los hombres pueden tener amigas.
Y así como en el viejo cuento, el escorpión confiesa llevar en su naturaleza el mandato de picar a la rana, muchos tipos nacen, viven y mueren atrapados por una sola voluntad inevitable : llevar a la cama a cuanta mina se les aparezca delante, sea hermosa y simpática o más fea que Alfio Basile en musculosa y con menos onda que flequillo de coreano.
¿Estará esta pulsión inesquivable originada en el deseo frustrado de aquella primera mujer que nadie pudo tener, excepto Edipo, y tan caro le costó?
Pues a este fulano para el cual todo trapo con agujero es poncho, aunque no se anime a proponerlo porque sabe que va a ser rechazado, o por timidez, la fantasía de acostarse con esa amiga o compañera de facultad lo mantiene agazapado en un perfil bajo, que no significa renuncia o resignación.
Y ella – nuestra Julieta- cuando le informamos que ése al que ella llama su “amigo del alma” no sufre de glaucoma sino que esa cola de carpintero que le brilla en las mejillas son los espermatozoides le salen en bandada del lagrimal cuando la ve, se enoja con nosotros y nos dice que tenemos la cabeza podrida.
Un hombre en general, y el novio de una chica en particular, huele a un kilómetro a ese tipo que lo único que busca es curtirse a su chica envestido en el disfraz de amigo fiel. Su tono de voz, su sonrisa, sus posiciones corporales, su mirada que quema el aire, todo lo delata, pero ella no lo quiere ver. Ni siquiera cuando la invita a un happy hour decenas de veces para festejar que aprobaron con cuatro la conjugación del verbo to be.
Y por eso, no es extraño que ellas estén merodeadas desde la salita de cuatro hasta la tesina doctoral por estos lobos disfrazados de Lassie con mochila al hombro, caminando con cara de inocentes, que las besan en la punta de la comisura de los labios para despedirse, mientras que ellas los presentan al mundo como ese gran compañero de la facultad.
Ellos son los que declaran en secreto que en épocas de sequía pueden ver a la Estatua de la Libertad como si fuera Pamela Anderson. Y a su mejor compañera de estudios (esa que declara, sin saber los riesgos que corre, que para ella ese flaquito es un hermano más), se la quieren comer cruda como Alien 4 a los integrantes de la nave madre.
¿Compañeros? ¡Compañeros las polainas! diría mi abuelo.
Y vamos al registro de algunos de los cachorros en celo, en cuestión:
* Ese que se sienta en el mismo banco y que siempre la lleva a tomar café cuando la ve preocupada, y le escribe frases de Coelho o Bucay en las servilletitas de papel. En los recreos vive cebándole mate y preguntándole cómo diablos se enamoró del estúpido de su novio , que según él tiene menos feeling que perro en bote y no la valora como él.
* El compañerito que permanentemente se ofrece a explicarle álgebra nuclear y sánscrito comercial a las tres de la mañana en su bulo, porque de noche la mente funciona mejor. En los recreos le masajea los hombros porque él es clarividente y sabe que ella, pobrecita, está contracturada. Y cuando van por la calle le pone una mano en el hombro, parecen novios, pero para ella todo está bien, no hay que darle importancia a esas cosas.
* Los ex novios (cuya relación nació y murió durante el transcurso de las materias anteriores) que reaparecen con el cuento de seguir siendo amigos, mandándole tarjetitas de Garfield, rosas rojas o invitaciones gratis a boliches.
* El buen samaritano, ese integrante del centro de estudiantes que le fía las fotocopias y que está en todas las reuniones , y tiene la “costumbre” de alcanzarla con el auto hasta la casa. El vive en el Polo Norte y ella en la Antártida , pero a él siempre la casa de ella le queda “de paso”.
* El amigo de verdad, (según ella), aquel en el que se confía totalmente porque el pibe tiene novia y está re-metido con la chica y a punto de casarse……….hace diez años, pero nunca se le vio el pelo a esa consorte, y la boda jamás ocurre, ya que es todo un verso para pescar minas. Ese Rasputín es el que es su sombra desde el exámen de ingreso, el que tiene el oído listo y una botella de vino sin abrir en el departamento donde vive solo, para que ella vaya a cenar y le cuente sus penas y alegrías y que, ya demasiado entrada la madrugada, la invita a que se dé una ducha en su baño y se vaya a dormir en su cama, mientras él se recuesta muy sacrificado en el duro sofá del living, seguramente pensando en el teorema de Pitágoras.
* El religioso, que además de estudiar con ella la quiere integrar al grupo de la parroquia y que constantemente la presiona para que vaya con él a las noches de la caridad, y la invita luego a extraños viajes espirituales en montes perdidos que ni el Yetti en celo se animaría a cruzar.
* El tuerto afectivo, el que mira con un solo ojo y nunca nos ve, ellas nos presenta pero él jamás nos saluda ni registra, le habla solo a ella como si fuéramos un fantasma viviente y todos los años la invita solo a ella a sus cumpleaños, que generalmente son para solteros, porque ese muchacho nunca tiene novia.
* el cibercompañero, ese que ya fundió tres estabilizadores de alta tensión por los bromas con cuentos eróticos y calientes y fotos porno que le manda a nuestra novia, además su chateo, que le saca chispas a la madera. Para ella son solo chanzas sin ninguna intención, ya que la joven nunca leyó ese artículo tan interesante de Freud sobre el chiste y su relación con el inconsciente, del libro Psicopatología de la Vida Cotidiana.
En síntesis, todo el tiempo nos está presentando clones del Don Juan Tenorio como si fueran el Dalai Lama levitando. En última instancia, ella está tan confiada en el poder de su sí y su no, que no le mueve un pelo saber inconscientemente que a ese compañero lo tiene en piloto automático permanente, en el “placard” del parque varonil, por las dudas. Lo usa como amenaza implícita hacia su Romeo, como diciéndole, “negro, el domingo que desvíes un penal, recordá que yo no estoy sola del todo”
¿Cómo sobrevivir a esta locura cotidiana agazapada?
1) Aprendiendo a convivir con la histeria femenina, aunque sea tan difícil como lograr que Bush y Ben Laden aprendan a bailar juntos la cumparsita. Las damas no son tontas y saben bien que si crian a un tigre luego no lo van a poder alimentar con leche descremada, pero algunas sufren de una autoestima más baja que el túnel del subterráneo, y hasta es creíble que no entiendan que pueden ser un oscuro objeto de deseo.
2) Nunca , jamás, never un the life, intentar hacerle ver a una mina que su compañerito de facultad la mira con un preservativo en cada ojo, porque es inútil, a ella, como ya hemos dicho, no le importa saber esa verdad. Recuerden que, como dijo uno de mis profesores hace ya tiempo: “ hablar es una necesidad, pero escuchar……escuchar es un talento”
3) Convencerse, de que hay dos maneras de ser felices en la vida, una es hacerse el idiota, ……….y la otra es serlo.